Hay lugares en el mundo donde, durante varias semanas al año, el sol nunca se pone. En ciudades como Tromsø, al norte de Noruega, la gente se reúne de madrugada para ver cómo el sol roza el horizonte… y sigue girando en el cielo sin desaparecer.
Este fenómeno asombroso, conocido como el sol de medianoche, ocurre gracias a la inclinación del eje de la Tierra(23,5º) hacia el sol. En latitudes por encima del Círculo Polar Ártico, durante el verano boreal, el sol permanece visible las 24 horas, dibujando círculos bajos sobre el horizonte.
Es un espectáculo hipnótico que puedes ver aquí:
Vídeo grabado en Hornsund, en una estación polar polaca en el fiordo de Hornsund, en la isla de Spitsbergen, Svalbard, Noruega.
Dos formas distintas de vivir la luz
En AntasProperties, no vendemos casas en Tromsø ni en el Ártico. Pero este fenómeno nos recuerda algo esencial: la luz transforma la vida.
En el norte, la gente celebra esas pocas semanas de luz infinita con festivales y excursiones nocturnas. En cambio, aquí, en el Levante almeriense, vivimos algo diferente pero igual de valioso:
Más de 300 días de sol al año.
Amaneceres que tiñen de naranja las montañas de Antas y Mojácar.
Atardeceres suaves junto al Mediterráneo.
Una luz amable que invita a disfrutar de terrazas, playas y paseos casi todo el año.
La luz como parte del hogar
En el fondo, cuando buscamos un lugar donde vivir, no solo pensamos en metros cuadrados. Pensamos en cómo será la luz que llene esas estancias cada día:
Luz que entra por la mañana en el salón.
Sombras que alargan las tardes de verano.
La calidez que nos acompaña incluso en invierno.
En nuestras propiedades del levante, esa luz no es un lujo limitado a unas pocas semanas: es una compañera constante que define el carácter mediterráneo.
Más cerca de lo que parece
El sol de medianoche es un fenómeno lejano, exótico, espectacular.
Pero si lo pensamos bien, en el levante almeriense tenemos algo todavía más especial:
Un sol que no necesita girar 360º sobre el horizonte para regalarnos días luminosos, templados y largos durante casi todo el año.
Un sol que, más que una estrella, es parte de nuestra forma de vivir.
En resumen
El norte celebra su breve verano sin noche; nosotros celebramos una vida entera llena de luz.
En ambos casos, un gozo para los sentidos.

